domingo, 3 de febrero de 2013

En el altar


-¡Corre!
-¡No puedo!- dijo sollozando.
-¡Corre!- Volvió a gritar la mujer- ¡Vamos! ¡Corre! ¿Qué esperas?
-No puedo… Ven conmigo, tengo miedo.
-Supéralo, niña. Ahora ¡Corre!- Se oyó un disparo a lo lejos, otro, un poco más cerca.- ¡Largo!
-No sé por dónde.
-A la derecha del altar, hay una puerta, sal por ahí.- Dijo atropelladamente.- Sigue derecho por el pasillo, la penúltima puerta a la izquierda, es la bodega, entra y ciérrala por dentro, la llave está puesta, no prendas la luz, junto a la puerta hay una linterna, en la esquina derecha del fondo de la bodega, hay una trampilla en el piso, bajo un baúl de madera, entra ahí y espera a que vaya a buscarte. Ahora ¡Vete!- Otro disparo. Sus esfuerzos por parecer calmada se perdieron ante la inmovilidad de la niña y la creciente cercanía de los disparos- ¡¿Qué te pasa?!
-Tengo miedo.
-Yo también.- dijo arrodillándose frente a la niña.- Pero Dios está con nosotros.
-¿Y si mueres?
-Si muero, es porque Dios me necesita con Él y sabe que nada te faltará. Ahora, debes ser fuerte, escóndete, yo iré por ti, ahora, corre pequeña ¡Corre!
Los disparos se oían cada vez más cerca, cuando la niña llegó a la puerta, se volvió y vio como un hombre entraba por una puerta justo frente a ella y corría hacia a la mujer, que estaba de pie en el centro de la iglesia. Cerró la puerta rápido y corrió hasta la bodega, la llave estaba puesta, tal como indicó la mujer, la sacó, entró, cerró por dentro y se la guardó en el bolsillo, no fue difícil encontrar la linterna.- Otro disparo.- Lo difícil fue encontrar la trampilla, una vez adentro, se acurrucó y comenzó a orar, hasta que se quedó dormida.

-Buenos días, señorita Ángela.
-Buenos días, Don Esteban ¿Cómo está?
-Muy bien, gracias ¿Está nerviosa?
-Un poco
-No se preocupe, es normal, le deseo felicidad, que Dios la bendiga.
-Muchas gracias, Don Esteban, que Dios lo bendiga.- Dicho esto salió de la recepción del edificio a la casa de su futura cuñada, ahí se arreglarían todas y la recogerían irían a buscar para ir a la iglesia.
Mientras conducía, no dejaba de pensar en el sueño de la noche anterior, despertó bañada en sudor frío y con lágrimas en los ojos ¿En qué mundo se entra con armas de fuego a una iglesia? Los titulares del día siguiente eran espeluznantes. Pandilla ataca a familia cristiana por venganza ¿Qué clase de idiota era el editor de ese periódico? Su madre trabajaba con casos sociales de madres solteras, ayudó a una joven a encontrar un lugar mejor y ella dejó al padre del bebé, y este, no encontró nada mejor, que culpar a mi madre. Entraron a la casa en medio de la noche y mi padre los contuvo para que mi mamá y yo pudiésemos escapar, gracias a Dios esa noche mi hermano no estaba en casa y la policía llegó a tiempo, mas nunca olvidaría la cara del hombre que entró a la iglesia por la puerta lateral, su mirada, la expresión de su rostro.
El auto llegó a buscarme y mi cuñada subió conmigo para ayudarme con el vestido, camino a la iglesia intenté estar calmada, pero no dejaba de ver la mirada de ese hombre que iba directo hacia mi madre. Han pasado veinte años desde entonces, hoy es el día de mi boda y no había soñado con eso en años.
-Ángela ¡Ángela!
-¿Qué pasa?
-Llegamos, despierta.
Miré y efectivamente, estábamos ante la puerta de la iglesia y el hombre de aquella noche estaba ahí, acercándose al vehículo, mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido, era inevitable, abrió la puerta y con una sonrisa radiante me tendió la mano para ayudarme a bajar del auto, mientras mi cuñada me ayudaba con el vestido.- Te ves preciosa.- Me dijo- ¿Estás lista?- Una lágrima rodó por mi mejilla, igual que aquella noche cuando lo vi.
-Tengo miedo.- Susurré.
-Yo también, preciosa, pero Dios está con nosotros.- Me secó la lágrima con gesto cariñoso y recordé como besó a mi madre esa noche, se estaban despidiendo y aquí está, aquí estamos todos, vivos, mi madre me sonríe y mi padre me lleva del brazo hacia el altar en el que alguna vez pensé que moriría, pero ahora la luz del sol entra a raudales, el hombre que amo me espera al final del pasillo y elevo una plegaria en agradecimiento a Dios, por estar viva y por estar siempre con nosotros…

Lady Marianne

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