-¡Corre!
-¡No
puedo!- dijo sollozando.
-¡Corre!-
Volvió a gritar la mujer- ¡Vamos! ¡Corre! ¿Qué esperas?
-No
puedo… Ven conmigo, tengo miedo.
-Supéralo,
niña. Ahora ¡Corre!- Se oyó un disparo a lo lejos, otro, un poco más cerca.-
¡Largo!
-No
sé por dónde.
-A
la derecha del altar, hay una puerta, sal por ahí.- Dijo atropelladamente.- Sigue
derecho por el pasillo, la penúltima puerta a la izquierda, es la bodega, entra
y ciérrala por dentro, la llave está puesta, no prendas la luz, junto a la
puerta hay una linterna, en la esquina derecha del fondo de la bodega, hay una
trampilla en el piso, bajo un baúl de madera, entra ahí y espera a que vaya a
buscarte. Ahora ¡Vete!- Otro disparo. Sus esfuerzos por parecer calmada se perdieron
ante la inmovilidad de la niña y la creciente cercanía de los disparos- ¡¿Qué
te pasa?!
-Tengo
miedo.
-Yo
también.- dijo arrodillándose frente a la niña.- Pero Dios está con nosotros.
-¿Y
si mueres?
-Si
muero, es porque Dios me necesita con Él y sabe que nada te faltará. Ahora,
debes ser fuerte, escóndete, yo iré por ti, ahora, corre pequeña ¡Corre!
Los
disparos se oían cada vez más cerca, cuando la niña llegó a la puerta, se
volvió y vio como un hombre entraba por una puerta justo frente a ella y corría
hacia a la mujer, que estaba de pie en el centro de la iglesia. Cerró la puerta
rápido y corrió hasta la bodega, la llave estaba puesta, tal como indicó la
mujer, la sacó, entró, cerró por dentro y se la guardó en el bolsillo, no fue
difícil encontrar la linterna.- Otro disparo.- Lo difícil fue encontrar la
trampilla, una vez adentro, se acurrucó y comenzó a orar, hasta que se quedó
dormida.
-Buenos
días, señorita Ángela.
-Buenos
días, Don Esteban ¿Cómo está?
-Muy
bien, gracias ¿Está nerviosa?
-Un
poco
-No
se preocupe, es normal, le deseo felicidad, que Dios la bendiga.
-Muchas
gracias, Don Esteban, que Dios lo bendiga.- Dicho esto salió de la recepción
del edificio a la casa de su futura cuñada, ahí se arreglarían todas y la
recogerían irían a buscar para ir a la iglesia.
Mientras
conducía, no dejaba de pensar en el sueño de la noche anterior, despertó bañada
en sudor frío y con lágrimas en los ojos ¿En qué mundo se entra con armas de
fuego a una iglesia? Los titulares del día siguiente eran espeluznantes.
Pandilla ataca a familia cristiana por venganza ¿Qué clase de idiota era el
editor de ese periódico? Su madre trabajaba con casos sociales de madres
solteras, ayudó a una joven a encontrar un lugar mejor y ella dejó al padre del
bebé, y este, no encontró nada mejor, que culpar a mi madre. Entraron a la casa
en medio de la noche y mi padre los contuvo para que mi mamá y yo pudiésemos
escapar, gracias a Dios esa noche mi hermano no estaba en casa y la policía
llegó a tiempo, mas nunca olvidaría la cara del hombre que entró a la iglesia por
la puerta lateral, su mirada, la expresión de su rostro.
El
auto llegó a buscarme y mi cuñada subió conmigo para ayudarme con el vestido,
camino a la iglesia intenté estar calmada, pero no dejaba de ver la mirada de
ese hombre que iba directo hacia mi madre. Han pasado veinte años desde
entonces, hoy es el día de mi boda y no había soñado con eso en años.
-Ángela
¡Ángela!
-¿Qué
pasa?
-Llegamos,
despierta.
Miré
y efectivamente, estábamos ante la puerta de la iglesia y el hombre de aquella
noche estaba ahí, acercándose al vehículo, mi corazón comenzó a latir cada vez
más rápido, era inevitable, abrió la puerta y con una sonrisa radiante me
tendió la mano para ayudarme a bajar del auto, mientras mi cuñada me ayudaba
con el vestido.- Te ves preciosa.- Me dijo- ¿Estás lista?- Una lágrima rodó por
mi mejilla, igual que aquella noche cuando lo vi.
-Tengo
miedo.- Susurré.
-Yo
también, preciosa, pero Dios está con nosotros.- Me secó la lágrima con gesto
cariñoso y recordé como besó a mi madre esa noche, se estaban despidiendo y
aquí está, aquí estamos todos, vivos, mi madre me sonríe y mi padre me lleva
del brazo hacia el altar en el que alguna vez pensé que moriría, pero ahora la
luz del sol entra a raudales, el hombre que amo me espera al final del pasillo
y elevo una plegaria en agradecimiento a Dios, por estar viva y por estar
siempre con nosotros…
Lady
Marianne
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