jueves, 7 de marzo de 2013


         
         Siempre los poetas han reconocido al caminar, al viajar, al olfatear y al deambular como los mejores caldos de emprendimiento de los sueños y lo son, en algo mi alma se arrepiente y es el de convertir los versos en técnicas del trabajo neuronal y dejar de lado la expresión humana y lo real de aquellos mismos términos, “caminar” bajo la conjugación de los vientos que recorren las voces desde lo boreal a lo austral, “viajar” entendiendo que si un paso das son momentos los que capturas y no kilómetros, “olfatear” aromas que se esfuman en el interior mismo del pensar y el sentir. El “deambular” debe estar después de un punto seguido por la simple razón, la razón simple de que es la mirada de la línea ferroviaria que perdió las vías y salto al esponjoso y ambicioso mundo de las nubes y el humo pues su forma es ambiciosamente inesperada pero contagiada de la esencia  de la vida, la persona y el hombre que se olvidó de deambular perdió su zapatos de lona y los hecho al fondo del mar.
       Cuando él intentó correr con las alforjas vacías, sin los instrumentos del cosmonauta de las palabras se perdió en la mirada de las calles que van y vienen y cuando piensas que vuelven realmente van, como si el policía que las dirige las tuviera tan claras que es capaz de confundirte en tu propia materia gris y lo hace, pues el controla el flujo y el desarrollo de los caminos; Pues corrió igualmente invocando a los elementos sobre inteligentes como las cuerdas de la madera que resuenan entre las clavijas y sintiendo a la luz de los ojos la mirada de ella y el desencuentro con el destino a la vuelta de la esquina.
         La poesía no se entiende, se vive y las letras son uno de los diques que la logran detener.

1 comentario:

  1. Como siempre, sutilmente exacto, me recuerda una tarde soleada de otoño, con el viento frío pero refrescante, con el sol sobre las hojas y un poco de lluvia a ratos, pero sin nublarse, el olor de las hojas del álamo y de fondo el color rojo de la lenga...

    Es ahí, cuando con mi mente llena y mi cuaderno en blanco, nacen las mejores historias.

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